Tesoro italiano

Cualquier rincón del mundo que haya servido de escenario para que Ingrid Bergmann y Roberto Rosellini se enamoren, debe haber tenido una mística especial. Tal es el caso de Estrómboli, una de las siete Islas Eólicas, el archipiélago ubicado a 50 kilómetros del norte de Sicilia. Sí, el encanto del mar tirreno fue el marco ideal para uno de los romances más célebres del siglo XX. Inmortalizada en la película homónima, Estrómboli pasó a formar parte del imaginario colectivo. Desde entonces, turistas de todo el mundo llegan en busca de descanso y relax en sus aguas transparentes y baños de barro. No en vano, las Islas Eólicas fueron declaradas en el año 2000 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El grupo completo está formado por siete islas (Lipari, Vulcano, Salina, Estrómboli, Filicudi, Alicudi y Panarea) y cinco islotes (Basiluzzo, Dattilo, Lisca Nera, Bottaro y Lisca Bianca). El área total que ocupa es de 1.216 km2 Julio y agosto son los meses más populares para visitar estas islas, que en cambio permanecen casi vacías en la temporada baja (de noviembre a marzo, aproximadamente). Y es que, el viento y las tormentas invernales llegan a ser tales, que hasta la mayor parte de los hoteles permanecen cerrados. No es gratuito que el nombre “Eólicas” haya nacido en honor a Eolos, dios griego del viento… De una belleza extrema y con encantos variados, el denominador común entre todas es que tienen un origen volcánico, y es por esto que sus playas son de arena negra y su costa es rocosa. La simpleza de la vida en Alicudi y Filicudi, la exhuberancia de Salina, el ritmo mundano de Panarea, la historia de Lipari… Veamos, una por una, cuáles son sus encantos; porque si cautivaron a Bergmann y Rosselini, algo tienen que tener…

Lipari
Esta es la más grande y la principal de las islas, no en vano es la capital del archipiélago. Es la única con un centro considerable, una población sustancial y una industria turística cada vez más en alza. En la ciudad hay varios atractivos (la acrópolis fortificada, callejones pintorescos con arreglos florales, el puerto de Marina Corta), pero cabe aclarar que esta isla no es demasiado sofisticada. Su costa es rebelde, rocosa y –lo que es mejor– no está muy desarrollada, por lo que ofrece vistas imponentes. Uno de sus principales encantos es el camino peatonal que bordea la entre el Terme di San Calogero y Bagnosecco; de hecho, toda Lipari es mucho más amigable para el peatón que, por ejemplo, su vecina Vulcano.

Es bueno saber:
-Que hay que visitar Estrómboli (y escalarlo, en lo posible).
-Que la mejor forma de recorrer Lipari es en scooter.
-Que hay que probar la “granita di lemone”.
-Que los colectivos suelen viajar superpoblados.
-Que una visita a Rinella (en Salina) es imperdible.
-Que el snorkel ayuda a evitar las agua vivas.
– Que el Museo de Lipari es un must.
-Que hay que sacarse los relojes y joyas para ir a los baños de barro de Vulcano.

Vulcano
Justo al lado de Lipari encontramos esta isla, dominada por su volcán, provocativo e irreverente, que atrae a curiosos de todos los confines y hace que Vulcano esté plagada de nuevos emprendimientos turísticos. Sin embargo, su crecimiento es bastante espontáneo, poco estructurado. La pequeña ciudad parece más bien el set de una película Western, y su promontorio está repleto de hoteles de lujo. Para quienes gusten de tener su paladar bien satisfecho, cabe advertir que las opciones gastronómicas son prácticamente nulas. El principal atractivo es escalar el volcán, el costo es de €3 y lleva menos de una hora. Se recomienda subir con botas o borcegos. Fanghi di Vulcano, por otro lado, son los populares baños de lodo que quedan a pocos minutos del puerto. Pero para quienes no quieran oler a azufre días después, la otra opción es visitar el spa “Oasi della Salute”.
Salina
Esta es la más verde de las islas, conocida por su rol protagónico en el film de 1994, Il Postino, que se filmó en Pollara, a la que se recomienda visitar al atardecer. El puerto central de la zona es Santa Marina Salina, y se destaca por su larga calle principal, larguísima, que no tiene nada de tráfico y sobre la que asoman pequeñas boutiques, almacenes y casas construidas en el siglo XIX. Para los amantes del vino, se recomienda probar la producción local en viñedos como Fenech, Caravaglio y D’Amico. La historia de esta isla se puede recorrer en dos pequeños museos, el Museo de la Emigración en Malfa y el Museo Etnográfico, en Lengua. Sin embargo, todo indica que los turistas van a preferir descansar en las playas mientras toman una granita en, por ejemplo, el célebre bar “Da Alfredo”. El punto más alto del archipiélago es Monte Fossa delle Felci y la mejor época para escalarlo es otoño y primavera; en verano hace mucho calor y en invierno suele haber tormentas. La forma recomendada para recorrer el sur de la isla es tomarse un colectivo al pueblo de Leni y luego bajar hasta Rinella, ideal para nadar en la playa de arena negra.
Panarea
Es posible que esta sea la más bella de las Islas Eólicas, y la locación ideal para nadar, caminar o salir a dar una vuelva en barco. Se recomienda hacer la caminata de 40 minutos a la playa de arena dorada, Zammarà, y a la bahía de Cala Junca que está detrás, justo al pie del promontorio. Una caminata de 20 minutos al otro lado del pueblo conduce a la playa de Calcara, donde las fumarolas en ebullición y las rocas de azufre hacían creer a los antiguos habitantes que esta era la entrada al mundo de ultratumbas. Otro atractivo imperdible es el viaje en barco a los islotes cercanos: los colores y las formaciones de las rocas son tan particulares, que bien valen la pena el viaje. Debajo de Basiluzzo, cuando la marea está baja, se pueden ver los restos de un puerto y trepar a las ruinas de una auténtica villa romana.

Estrómboli
Estrómboli es la más espectacular de las islas, sin embargo, los primeros hoteles abrieron recién después de que se hiciera popular, gracias a Ingrid Bergman y Roberto Rossellini. Hoy en día, el volcán es su principal atracción. Si uno está en forma, un buen par de botas y una campera son suficientes para poder escalar. La caminata guiada sale €3, dura dos horas y está programada para llegar a la cima justo al atardecer. Las mejores playas de la isla son las de la costa Piscità, donde hay buenas vistas del islote Strombolicchio. Esta es la única de las islas cuyo volcán está en actividad permanente. De hecho, el suyo es el único volcán del mundo que siempre estuvo activo, a lo largo de la historia. Sus erupciones son bastante esporádicas y este tipo de fenómeno se conoce como “actividad estromboliana”. Pero además del volcán, atraen las calles de la ciudad, que son más bien angostas, y las playas de arena negra que se alejan del centro.
Filicudi & Alicudi
El camino de asfalto que conecta los distintos pueblitos de Filicudi da una falsa impresión; estos no están alejados entre sí, sino a unos pocos minutos de distancia a pie. De hecho, la mejor forma de recorrer la isla es caminando o en bote. El buceo en Filicudi es interesante, porque en el fondo del mar descansan restos y ruinas de barcos. Para quienes no bucean, se puede hacer un viaje en bote alrededor de la isla y ver la gruta que es sede de un festival iluminado todos los 15 de septiembre. El puerto es lo menos atractivo de toda la isla. Se recomienda, en cambio, visitar el pequeño Pecorini a Mare, en especial si uno es amante de los mariscos. Alicudi, por otro lado, no permite medias tintas: es amado u odiado. Solo 80 habitantes viven allí durante todo el año y abundan los rumores y supersticiones de que fantasmas y espíritus pueblan la isla. Tanto Filicudi como Alicudi son las menos visitadas del archipiélago y tan remotas que casi no tienen desarrollada la industria turística.

Cómo llegar
En ninguna isla del archipiélago hay aeropuerto, solo se accede a través de vías marítimas: barco (conexiones más frecuentes y económicas) o ferry. También es habitual viajar en barcos particulares que ofrecen salidas colectivas. Los puertos más cercanos están en Sicilia o Palermo. En el verano también llegan viajes desde Cefalú o Italia (puerto de Nápoles y Calabria). Colectivos: La estación central queda en el Puerto de Lipari. Los colectivos a Canneto salen cada 15 minutos. Son muy chicos y suelen viajar llenos. El colectivo a Acquacalda, en cambio, es mayor y más cómodo. El viaje da una buena perspectiva de la isla.

Gastronomía
La cocina de la zona gira en torno a algunos ingredientes básicos: pomodorini (tomates cherry), alcaparras, aceitunas, anchoas, pescado fresco, y todos los restaurantes en general se alinean a la tradición del lugar.
En Alicudi las opciones son muy limitadas, la más recomendable es Da Rosina Alla Mimosa, que ofrece platos hechos con ingredientes locales.
En Panarea se destaca el restaurante Da Adelina, en el que Giuseppe Taranto, el chef, maneja este cálido espacio que mira al puerto. El menú es muy ambicioso y los platos recomendados son moscardini (pulpo con tomate, alcaparras y ají) o pennette Adelina.
Filippino es una de las mejores opciones de Lipari; lo maneja la misma familia desde hace más de 100 años, su especialidad es el pescado y atrae a figures como Naomi Campbell y Sting.
En Salina se recomienda Porto Bello, ubicado justo sobre el agua en el puerto. Si hubiera que resumir la experiencia en una sola palabra, diríamos que es excelente. En especial, se destacan los camarones, servidos con un dip de yogurt, o el spaghetti al fuoco, creación de la casa, que se acompaña con pomodorini, albahaca, ají y ricotta.
Antonio, un ex gerente de banco, hoy es un chef ocurrente. En Filicudi tiene su restaurante, La Sirena, que desde su terraza ofrece una vista al mar inolvidable. Es difícil que encuentre platos tan extravagantes como los suyos en algún otro lugar. La atención de la casa no es tan ágil pero la comida es de muy buena calidad; además los mozos son tan amables, que el balance da más que positivo. Dato útil: Antonio y su mujer también alquilan cuartos y pequeñas casas en la isla. Por último, no se puede dejar de recomendar a Da Zurro, en Estrómboli; si bien su ambientación no es la más tentadora, sus platos son excelentes. El chef, Zurro, más bien parece un pirata, y sus platos son igual de estrambóticos que él. Uno de los clásicos son los ravioles negros de ricciola (pescado local), servido con alcaparras, tomates cherry y albahaca.

Datos útiles
En general los locales hablan dialectos de siciliano, pero casi todos hablan italiano también. Quienes se dedican al turismo también manejan el inglés, alemán o francés. Es importante saber que el acceso a Internet en la isla no es muy bueno, aunque en Lipari hay algunos cibercafés. Las islas más grandes (Lipari, Vulcano y Salina) tienen un buen servicio de colectivos. Además, se pueden alquilar scooters. Panarea y Estrómboli son tan pequeñas que no tienen calles ni autos; Panarea, sobre todo, se puede recorrer a pie. El alquiler de botes también es popular para recorrer la periferia de cada isla.

Dónde dormir
Carasco, Lipari
Porto delle Genti (00 39 090 981 1605; carasco.it). Cierra de noviembre a marzo.
Casa Mulino, Alicudi
Via Regina Elena, (00 39 090 988 9681; alicudicasamulino.it). Cierra de noviembre a marzo.
Hotel Quartara, Panarea
Via San Pietro 15 (00 39 090 983027; quartarahotel.com). Cierra de diciembre a marzo.
Hotel Signum, Salina
Via Scalo 15, Malfa (00 39 090 984 4222; hotelsignum.it). Cierra de noviembre a febrero.
Sirenetta Park Hotel, Stromboli
Via Marina 33 (00 39 090 986025; lasirenetta.it). Cierra de noviembre a marzo.
Villa Meligunis, Lipari
Via Marte 7 (00 39 090 981 2426; villameligunis.it).

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