Perla de las antillas

El caribe tiene las playas más increíbles para descubrir y Saint Barth es una de ellas. Con su mar cristalino y sus playas blancas esta isla conquista a todo aquel que la recorra.

Cuesta ubicar en el mapa a Saint Barthélemy: popularmente conocida como Saint Barth, esta pequeña perla del collar de las Antillas, es un enclave de lengua francesa rodeada de islas inglesas y neerlandesas, contenida por el mar caribe, donde la cultura y el paisaje típico caribeño se mantienen intactos. Son apenas 25 km2 de ensueño, conformados por un terreno montañoso donde la única llanura es la pista del pequeño aeropuerto local. Sus playas, su paisaje y la hospitalidad de los isleños hacen de este destino un lugar único.

Desde el 2003, Saint Barth tiene estatuto propio, se convirtió en colectividad territorial francesa tras la aprobación de un referéndum que le dio un estatuto separado del departamento de ultramar francés de Guadalupe, luego de haberle pertenecido también durante más de un siglo a Suecia. El nombre de esta isla caribeña es en honor al hermano del descubridor, Bartolomé Colón, que lo acompañó en varios de sus viajes. La lengua oficial es el francés, pero muchos de sus pobladores hablan en créole de base lexical francesa y el francés regional (patois).

Llegar a la isla no es una tarea muy sencilla, pero vale la pena emprender la aventura. Hoy es posible arribar a Saint Barth por mar desde  la vecina St. Marteen o en avión. Sin embargo, la cantidad de escalas que hay que realizar para llegar y para volver, la convierten en un destino exótico, ya que pueden pasarse largas horas combinando vuelos. Pero todo el estrés del viaje se borrará al llegar a la capital, Gustavian, que es un pequeño pueblo que conserva la tradición de los primeros pobladores.

No se necesita mucho tiempo para recorrer la isla debido a su pequeño tamaño. Pero es recomendable que quienes busquen conocer a fondo Saint Barth lo hagan en pequeñas motos o jeeps que se alquilan en la capital. Desde allí es posible partir para descubrir los sinuosos caminos de la isla, donde una veintena de playas de arenas blancas invitan a quedarse y disfrutar del sol y el juego de luces que hacen los corales en el mar azul intenso.

Sin dudas quienes viajan a esta isla de ensueños deben animarse a la magia de navegar en su mar cristalino. A sólo algunos kilómetros de la capital se encuentra Public, un puerto donde se practica navegación a vela. Más adelante, el pueblito de pescadores de Corossol invita a hacer un alto para interiorizarse en las tradiciones y artesanías locales, como los trabajos realizados en paja.

En la punta oeste de la isla, pocos kilómetros después, Colombier ofrece una playa salvaje que se conecta, en una caminata de pocos kilómetros, con el barrio de Flamands, muy tradicional y bordeado por una hermosa costa, allí la flora y la fauna se destacan. Luego, siempre por la costa hacia el este, se llega al centro de la isla, donde St. Jean es el lugar turístico por excelencia, el elegido por quienes visitan la isla. La principal atracción son las playas y la zona comercial llena de negocios y restaurantes. Una opción ideal para combinar sol y vivir una experiencia gastronómica.

Para los amantes del surf, el motivo para llegar hasta aquí es otro: la playa es conocida por sus excelentes olas, mientras las familias la eligen por la tranquilidad del ambiente y de las aguas. El extremo este de la isla, donde se encuentran las lagunas Cul de Sac y Petit Cul de Sac, con sus aguas tranquilas y turquesas, es el más auténtico y salvaje de este pequeño territorio enclavado en el Caribe.

Esta isla reúne todos los requisitos para que las vacaciones y el descanso estén garantizados. Sus playas, su mar -en algunos sitios muy tranquilo y en otros ideal para hacer deportes acuáticos-, y la amabilidad de su gente harán que cada turista se sienta como en su casa. Animate a descubrirlo.

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